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Por Caribejewelry|16 agosto, 2019
Las esmeraldas colombianas son únicas en el mundo. No solo por su ya reconocida calidad y su intenso color, lo que las hace las más apetecidas en el mercado internacional; sino por la riqueza de las creencias y mitos sobre su origen que fueron creados por pueblos que habitaron los cinturones esmeraldíferos del país, en el altiplano cundiboyacense.
Una de las historias más extendidas sobre el origen de las esmeraldas colombianas, tiene como escenario los cerros Fura y Tena, que se ubican a unos 30 kilómetros del municipio de Muzo (departamento de Boyacá), cerros que alguna vez estuvieron unidos y ahora separa el río Minero.
Creados para amarse
Los Muzos, etnia que habitó la zona y que ya está extinta, creían que los cerros representaban al primer hombre (Tena) y mujer (Fura), creados por el dios Are, quien les había puesto una única condición para disfrutar de una eterna juventud, llena de felicidad y libre de dolores: que fuesen mutuamente fieles. De lo contrario, a cualquiera que traicionase al otro con el adulterio le sobrevendrían todos los males.
Luego de formular esta exigencia, Are se fue a su morada celeste y, siguiendo sus premisas, Fura y Tena vivieron felizmente durante siglos, dedicándose a procrear y a formar el mundo de los Muzos. Pero fatídicamente, después de muchos siglos de felicidad, apareció un hombre de otra raza llamado Zarbi, y con su llegada, se pondría en peligro esta relación.
El comienzo del fin
Zarbi había llegado en busca de una joya que supuestamente tenía el poder de curar todos los dolores y las enfermedades, pero luego de un largo tiempo su búsqueda seguía sin dar resultados. Fue entonces cuando le pidió apoyo a Fura, quien movida por la compasión decidió ayudarlo en su misión.
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La búsqueda de esta extraña joya se extendió durante años, tiempo en que la compasión que Fura sentía por Zarbi, se fue convirtiendo poco a poco en atracción, hasta el punto en que rompió el único requisito establecido por el dios Are: la fidelidad.
Cuando Fura se dio cuenta de su error, los remordimientos le hicieron abandonar a Zarbi y volver con su esposo Tena, con la esperanza de que este la perdonara luego de su larga ausencia.
Pero al llegar al hogar, fue imposible ocultar lo que había ocurrido, ya que al incumplir su pacto con el dios Are, Fura se encontraba enferma y envejecía cada día más.
Graves consecuencias
Ante esta falta, la pena y la vergüenza embargaron el alma de Tena, quién lleno de dolor tomó una terrible determinación. Utilizó su macana como puñal para acabar con su propia vida, clavándosela directo en el corazón.
Sin tener tiempo para detenerlo, Fura solo pudo tomar en sus brazos el cuerpo sin vida de su esposo Tena, sosteniéndolo durante ocho días, sin comer ni beber, mientras lloraba sin consuelo. Cada lágrima que salía de los ojos de Fura se transformaba en una esmeralda y cada grito de dolor en coloridas mariposas.
El dios Are, enfurecido ante esta situación, convirtió a Zarbi en una gran roca que veía con amargura el llanto desconsolado de Fura, su amada. Ante esto, Zarbi pidió perdón a Are, rogándole poder auxiliar a Fura en esos duros momentos; petición a la que Are, finalmente, accedió: de las entrañas de Zarbi brotó una cascada que separó a Fura y a Tena, transformándolos en dos grandes moles de piedra.
Hoy, el río Minero representa a Zarbi y el desenlace que tuvo esta historia de amor; y desde entonces, las esmeraldas colombianas, formadas por las lágrimas que derramó Tena, aguardan en el corazón de nuestras montañas.
En Caribe Jewelry, somos afortunados de que esta gema, tan mágica como natural, llegue a nuestras manos, para ser inmortalizada en piezas memorables que marcan el inicio de nuevas historias. No en vano, la esmeralda ostenta el título de La Reina de las Gemas y, las esmeraldas colombianas, son reconocidas como las de mejor calidad en el mundo.